Existe una pregunta sin respuesta en el final de la carrera de todo deportista de éxito. ¿Cuándo? Una duda existencial que se mueve entre coordenadas de lo racional y lo emocional cuando las fuerzas fallan pero el corazón aún late joven. Ahora, con un palmarés lleno de éxitos y una última temporada brillante, Rosi Sánchez, leyenda del deporte canario, ha tomado su decisión; a los 36 años la reina del 6,25 se despide para siempre del balón.
Todo empezó para ella hace años, antes incluso de estar señalada por el éxito, de vestir la roja internacional bajo el pebetero olímpico, de levantar la Copa Ronchetti, alzarse entre honores como máxima anotadora o conquistar la liga italiana. Entonces, una suerte de virus benigno, combativo y de gen ganador se instaló en el organismo de una niña de veranos en La Garita. Su hermana, después, la escucharía hablar en sueños: "¡Pásala, que la pases, me cago en la leche!"
La historia de Rosi Sánchez (Las Palmas de Gran Canaria, 2 diciembre de 1974), quizás la mejor jugadora canaria de todos los tiempos, es la de un talento oculto que nació para el baloncesto a los 15 años. Sin haber jugado más que en aquella cancha estival, se presentó en el Rodríguez Monroy frente a Begoña Santana y Domingo Díaz, responsables del CB Islas Canarias y los que serían a partir de entonces sus padres en lo deportivo, que vieron en ella un diamante por pulir. Una semana después y sin saber cómo jugaba con el primer equipo cadete y ese mismo año, el de 1989, se convirtió por primera vez en campeona de España.
Sin apenas técnica, pero trabajadora y disciplinada, destacaba por su inteligencia, por dominar los tiempos y conocer el camino más corto hacia el triunfo. Era un don innato y que le hacía anticiparse al resto. "De mí siempre han dicho que soy de las mejores jugadoras de España sin balón y esto es curioso cuando en realidad eres una tiradora", señala esta.
Desde el primer día encontró en sus compañeras de club los mejores referentes. Jugadoras como Mónica Cabrera, M'bulito, Begoña, Terry Doerner o Faye Plate. Pero la capacidad de mejora, de sacrificio y la visión de juego le venían de serie. "Yo le pongo un 60 por ciento de entrenamiento y un 40 de algo innato", asegura ahora. "Sí reconozco que me gustaba más Magic que Jordan porque era más de equipo", señala como uno de sus valores. "Me encanta decir que soy así, una jugadora de equipo porque hay temporadas y partidos en los que termino como máxima anotadora y otros, dependiendo de las necesidades, en que hago más asistencias", añade.
El éxito
Al poco, comenzó a alternar el calendario de juveniles con el del primer equipo, primero en un año con pocos minutos para, tras la marcha de Mónica Cabrera, figurar en la temporada siguiente, la de 1992 y 1993, como la alero titular con 40 minutos por encuentro en la máxima categoría. En pocos años logró encadenar los títulos de juveniles con el de máxima anotadora nacional.
Su idilio con la selección comenzó en 1995 cuando la llamaron para completar la lista de un partido de exhibición. En esta ocasión la lesión de una compañera le abrió las puertas de par en par. Comenzó entonces una relación que durante diez años amplió hasta las 132 convocatorias, el récord de un jugador canario.
Mientras, su equipo bajo la nomenclatura del Sandra Gran Canaria había conseguido unir a la mejor promoción, la que logró hacer historia en el deporte canario con la Copa Ronchetti, la segunda competición continental en relevancia. Con la isla volcada en el primer lleno del Centro Insular, lograron la gesta de remontar una desventaja de siete puntos ante el equipo israelí Ramat Hasharon. "Éste fue el primero de todos los partidos y de todos los pabellones a lo largo de mi carrera", afirma Rosi, antes de explicar: "Éramos un equipo semiprofesional y era impensable que un club tan pequeño pudiera mover a tal cantidad de personas para ganar en una liga superprofesional. Lo que más valoro ahora es que éramos todas canarias menos dos extranjeras, un grupo de amigas muy unidas".
Recuerdos
En la memoria de la alero grancanaria destacan sus partidos con la selección y la experiencia olímpica. "En la inauguración de Atenas 2004 me sentí en la cima del universo. Es el mayor logro para un deportista".
Rosi Sánchez decidió dar el salto a la liga italiana, donde por primera vez pudo vivir exclusivamente de un contrato profesional y ganó dos ligas. La grancanaria, que también jugó en Valencia, nunca ha silenciado sus reivindi- caciones a la hora de dignificar el deporte femenino. Por último la alero honró su vínculo con el CB Islas Canarias, al que siempre regresó para ayudar a sellar su permanencia y donde acaba de finalizar su carrera. FERNANDO BETHENCOURT laprovincia.es |