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2006/06/27 RUTH RILEY Y SU VIAJE POR EL BALONCESTO

Nací en Ransom, Kansas, pero pasé la mayor parte de mi vida en Macy, Indiana. Como es de esperar, no muchos de vosotros habréis oído hablar de estas ciudades. Si no estaba viviendo en una granja, lo hacía en una pequeña ciudad rural

Mi madre, Sharon, siempre fue mi modelo a seguir durante mi niñez. Admiro la forma en que ella sola crío a tres hijos. No os quepa duda de que no tuvimos muchos lujos en la vida, pero mi madre nos crió de una manera tan creativa que nunca los echamos en falta. La fe, el respeto, el trabajo duro y la autoestima fueron valores que nos inculcó desde niños y han resultado ser los cimientos de la persona que soy hoy.  

Raquel Cattin no es sólo mi hermana mayor, también es mi mejor amiga. Siempre competíamos a ver quien sacaba las mejores notas y ambas acabamos yendo a la Universidad de Notre Dame. Ahora está casada y tengo que decir que tengo el sobrino más guapo del mundo. 

Mi hermano es mi otra mitad en baloncesto. Crecimos jugando unos contra unos calientes, que seguimos jugando cuando estamos juntos. A pesar de que le llevó hasta mi año júnior en la universidad conseguir ganarme, debo decir que ahora es un competidor bastante duro. 

Siempre he sido alta, cuando nací medí 71 cms. Y no paré de crecer. El ser tan alta nunca fue algo con lo que me sintiera a gusto. Durante mi infancia siempre se reían de eso porque era la típica chica larguirucha y tímida que simplemente era más alta que los demás. Mi madre me recordaba constantemente que debía estar orgullosa de mi altura pero eso era algo que no entendí realmente hasta  que fui a la universidad. 

El baloncesto empezó para mí cuando estaba en 4º grado (Entre 9 y 11 años). Debido a mi altura la gente ya daba por hecho que sería una buena jugadora, pero dado que mis habilidades y coordinación llegaron un poco más tarde, me dejaron llena de expectativas que apenas pude cumplir. Sin duda pasé la mayor parte de mi época de Junior High (De los 12 a los 15 años, más o menos) en el banquillo. 

Nos mudamos de nuevo a mi vieja y pequeña escuela del campo, al North Miami High School, para cursar mis años de instituto. Me encontré con que me veía a salir de titular, simplemente porque en el instituto no había demasiada gente. Durante mis años de instituto pasaba mucho tiempo, antes de ir a clase, levantando pesas y tirando, y además de estar en el equipo de baloncesto, también estaba en los de voley y atletismo. Jugar la liga AAU (Amateur Atlhetic Union) de baloncesto me fue mi llave para lograr una beca para la universidad

Elegir una universidad resultó ser una de las decisiones más difíciles que he tenido que tomar. Cuando finalmente me decidí por Notre Dame sabía que encajaba perfectamente. La transición del instituto a la universidad fue dura para mí, al principio era la última que entraba a jugar en la pista en los partidos.

Una de las lecciones que me enseñó mi madre fue la de la perseverancia. Siempre he sido una persona que necesitaba tener un objetivo y sabía que si trabajaba bastante duro para ello las cosas cambiarían. Mis cuatro años en Notre Dame resultaron ser una experiencia increíble y ganar un campeonato nacional en mi último año fue un final de libro de cuentos para mi carrera universitaria. 

Como quinta elección del draft, fui desde South Bend, en el norte de Indiana, a South Beach, Florida. Como fui criada en un hogar tolerante y de mentalidad abierta, lo acogí como una oportunidad de experimentar una cultura diferente y estaba preparada para el cambio. Tras finalizar mi carrera universitaria en lo más alto, me encontraba de nuevo con la transición al profesionalismo. 

Como sucede en el mundo de los atletas profesionales, tienes que estar preparada para lo inesperado. Después de haberme pasado la post temporada en Miami, trabajando con los entrenadores y verdaderamente preparada para mi primer año, me rompí el dedo meñique por cinco sitios justo el día antes de nuestro primer partido y me vi fuera de las pistas cuatro semanas. Antes de esta, nunca me había perdido un partido por lesión. Toda esa temporada fue una experiencia difícil para mí, ya que perdí mi puesto titular y no volví a recobrar la confianza. 

Desde que la temporada en la WNBA dura 5 meses, la post temporada se hace muy larga. Seguí los pasos  de otras muchas antes que yo y puse rumbo al extranjero, para jugar en Valencia, España. Fue la solución para mí. No sólo pude trabajar en la mejora de algunos aspectos de mi juego en la pista, sino que tuve la oportunidad de experimentar un país y cultura diferentes. Durante esa época me enteré de que nuestro equipo, las Miami Sol, abandonaba la liga y, unos pocos meses más tarde, recibía la llamada del entrenador Laimbeer diciéndome que era su primera elección en el draft de dispersión. 

Desde el principio de la temporada supimos que teníamos algo  especial en Detroit. Éramos un equipo joven y desinteresado que tenía mucha hambre y una gran determinación por ganar. Formar parte de una de las más grandes transformaciones en el mundo de los deportes fue fantástico. Ver a 23.000 fans en el Palace de Auburn Hills, durante el partido que nos dio el campeonato de la WNBA es un recuerdo que nunca olvidaré. Ganar el MVP de las finales fue un honor inesperado, dado el talento que había en nuestro equipo, pero eso simplemente muestra otra área de mi vida en la que he sido bendecida.

ruthriley.com

Traducido por Miguel Bordoy (LOK@S X EL BALONCESTO FEMENINO)

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